Las mujeres olvidadas de la Reforma

Historias que necesitamos recordar

La historia de la Reforma que rara vez se cuenta es la de las mujeres de la Reforma. Tendemos a contar la historia de todos los hombres, y eso es porque eran pastores. Creemos que la Escritura nos enseña que el pastorado es un oficio reservado para los hombres. Sin embargo, perdemos de vista el hecho de que las mujeres jugaron un rol tremendamente importante en la Reforma.

El rol que muchas de ellas jugaron fue como esposas.  No tendríamos a Martín Lutero y lo que logró conseguir sin su esposa Catalina. Pero también hubo mujeres que hicieron contribuciones tremendas por derecho propio.

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La gran historia que necesitamos contar es la historia de Lady Jane Grey. Ella era solo una adolescente, y tenía una sorprendente facilidad para los idiomas. Conocía el Latin y el Griego, y estudiaba el Nuevo Testamento en Griego.

Jane le escribió una carta a Martín Bucero (El erudito bajo el cual Calvino quiso estudiar en Estrasburgo, y quien más tarde enseñaría en Cambridge por invitación de Thomas Cranmer) donde le preguntaba cuál sería la mejor manera de aprender Hebreo de manera de estudiar el Antiguo Testamento en su idioma original. Esto fue mientras era solo una adolescente.

Después de la muerte del rey Eduardo VI, Jane terminó en el trono de Inglaterra. Fue llamada la “Reina de nueve días”. Las tropas se abalanzaron rápidamente sobre Londres para poner a María, media hermana de Eduardo, en el trono. Lady Jane Grey fue despojada del trono, y apresada en la Torre de Londres.

Por supuesto, María era católica hasta los huesos, y revirtió todos los avances de la Reforma en Inglaterra, y llevó a Inglaterra de vuelta al catolicismo romano. Y allí, sentada en la Torre de Londres estaba esta joven adolescente, Lady Jane Grey.

María mandó a buscar al obispo Feckenham y él fue quien la interrogó. Y en este proceso, Lady Grey presentó la doctrina de la Sola Scriptura, defendió la doctrina de la justificación Solo por la Fe. Cuando Feckenham la acusó de simplemente basar su fe en los pensamientos de los reformadores ella respondió:

“No. Yo fundamento mi fe en la Palabra de Dios, y no en la iglesia. Porque si la iglesia fuera una buena iglesia, es la fe de la iglesia la que debe ser aprobada por la Palabra de Dios, y no la Palabra de Dios por la iglesia. También así debe ser mi fe.”

Feckenham no tuvo más remedio que simplemente dejarla. No estaba a la altura como para debatir contra ella.

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La sentencia se emitió con órdenes de ejecutarla, y esta joven valiente y audaz lectora del Griego y del Hebreo fue conducida a su muerte. Lady Jane Grey se convirtió en una mártir de la fe.

Esta es una gran historia, y hay aún más. Necesitamos no solo recordar a los hombres de la Reforma, sino también a las mujeres. Es nuestro deber asegurarnos que sus historias, que rara vez se cuentan, sean contadas una vez más.

 

 

Este artículo original fue escrito por el Dr. Stephen J. Nichols, y publicado originalmente en el blog de Crossway. Fue traducido y adaptado al español por Diego Pacheco.

Stephen (PhD, Westminster Theological Seminary) sirve como presidente del Reformation Bible College y jefe académico de Ligonier Ministries. Es uno de los editores de  la serie “Theologians on the Christian Life” y también dirige el podcast semanal  “5 Minutes in Church History”.

 

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