12 Razones de Ryle para rechazar las vestimentas romanistas en la Iglesia Anglicana

El artículo original “12 Razones contra las vestimentas distintivas” fue escrito por J.C. Ryle para luchar contra la adopción de vestimentas característicamente católico-romanas en sus días. En algunos sectores de la Comunión Anglicana esta problemática ha vuelto a hacerse urgente. Mi oración es que los 12 hechos que Ryle nos ofrece sean de ayuda, y que los “evalúen, aprendan y digieran internamente”.

#1

Un hecho es que no hay la más mínima prueba en la Escritura de que alguna “vestimenta distintiva” fuera usada o considerada como necesaria para la adecuada celebración de la Cena del Señor en los días de los Apóstoles. Estas “vestimentas” son inventadas sola y completamente de tiempos posteriores, y por hombres carentes de inspiración. Los preciosos vestidos de los sumos sacerdotes en la dispensación Mosaica nunca tuvieron la intención de convertirse en un patrón para la Iglesia Cristiana. Fueron parte de un sistema típico, que estaba ordenado con un propósito especial, y tenía la intención de desaparecer (Hebreos 8.13).

 #2

Un hecho es que el uso de estas “vestimentas distintivas” es uno de las muchas marcas de distintivas de la Iglesia de Roma. Esa iglesia infeliz las conecta con ese error supremo y engaño blasfemo en su sistema teológico: ¡el sacrificio de la misa!

#3

Un hecho es que en el comienzo de la Reforma Inglesa, cuando nuestros reformadores sólo estaban informados a medias, el uso de estas vestimentas distintivas estaba ordenado explícitamente. El primer Libro de Oración Común de Eduardo VI, presentado en 1549, contiene las siguientes palabras en la rúbrica antes del Servicio de Comunión:

“El presbítero debe ponerse las vestimentas designadas para la administración de la Santa Comunión, esto es decir, una alba blanca y llana, con una vestidura o capa”.

#4

Es un hecho que tan pronto como nuestros Reformadores vieron la verdad Escritural completa y claramente explícitamente prohibieron al clero el uso de estas “vestimentas distintivas”. El segundo Libro de Oración Común de Eduardo VI, presentado en 1552, contiene las siguientes palabras al comienzo del servicio matutino:

“El presbítero no debe usar ni un alba, ni vestidura, ni capa, sino que sólo deberá tener y usar un sobrepelliz”.

#5

Un hecho es que cuando la Reforma Inglesa comenzó nuevamente en los difíciles días de Isabel, después del reinado destructivo de María la sangrienta, la única rúbrica presentada en torno al ropaje del ministro omite mencionar explícitamente las vestimentas distintivas y sólo ordena en un lenguaje ambiguo y general que “tales ornamentos sean usados tal como se usaban en el segundo año de Eduardo VI”. Sin embargo, que estos “ornamentos” no se refieren a las famosas vestimentas papistas, como algunos afirman por estos días, es algo tan seguro como podría ser por dos hechos históricos:

Uno es que en el primer año de su reino, Isabel emitió una orden restrictiva ordenando que los ministros “usaran hábitos tan decorosos como los que fueron más comúnmente recibidos en los últimos días del Rey Eduardo VI”.

El otro es que en 1564 la Reina emitió “anuncios”, en los cuales se ordena que “cada ministro que esté dirigiendo servicios o administrando los sacramentos debe usar un sobrepelliz apropiado

Ni en las órdenes restrictivas, ni en los anuncios están el alba, la capa, o la casulla mencionada (Cardwell’s Documentary Annals, vol. i. p. 193, 292).

#6

Un hecho es que en 1569 el Arzobispo Parker, primer primado bajo Isabel, emitió “artículos de investigación” para toda la provincia de Canterbury, conteniendo la siguiente pregunta: “Ya sean sus presbíteros, asistentes pastorales, o ministros, ¿habitúan a la hora de celebrar el servicio divino usar un sobrepelliz, como ha sido prescrito por las órdenes restrictivas de la Reina y por el Libro de Oración Común?” (Cardwell’s Documentary Annals, vol. i. p.321).

#7

Es un hecho que en 1576 el Arzobispo Grindal, el segundo primado bajo Isabel, emitió “artículos de Investigación” para toda la provincia de Canterbury, en los cuales explícitamente ordena que “Ya sean vestimentas, albas, túnicas… y otras reliquias y monumentos de superstición e idolatría como esos, sean completamente rayadas, destrozadas, y destruidas.” (Parker Society, Grindal’s Remains, p. 159). La misma investigación fue realizada por Aylmer; Obispo de Londres en 1577, y por Sandys; Arzobispo de York en 1578.

Dejaré que cualquiera con sentido común responda la pregunta de si acaso existe alguna posibilidad de que una Soberana tan autoritaria como lo era la Reina Isabel hubiera permitido que se realizaran tales investigaciones si es que la “rúbrica de los ornamentos” estaba, de hecho, legalizando las vestimentas.

#8

Un hecho es que los Cánones de 1604 no dicen nada de las  “vestimentas distintivas” como esenciales para la adecuada celebración de la Cena del Señor. El canon nº 58 simplemente ordena que “Cada ministro que dirija los servicios públicos, o administre los sacramentos, u otros ritos de la Iglesia, debe usar un sobrepelliz apropiado y decente”. Este canon es el más notable, porque el canon nº 24 ordena que la capa sea usada “en catedrales” por aquellos que administren la comunión. Sin importar cuánto nos lamentemos de que la “capa” esté sancionada en las catedrales, debemos recordar que la casulla y no la capa, es la prenda característicamente sacrificial. Y el uso de la casulla no está ordenado.

#9

Un hecho es que en la última revisión de nuestro Libro de Oración Común, en el año 1662, nada se hizo para restaurar el uso de “vestimentas distintivas”, y ni una sola palabra se agregó a nuestras rúbricas que pudiera justificar su uso.

#10

Un hecho es que por casi trescientos años estas “vestimentas distintivas” nunca se han usado en las iglesias parroquias de la Iglesia de Inglaterra. Sea lo que sea que algunos hombres quieran decir hoy acerca de la legitimidad del alba, la casulla, o la capa, no hay manera de sobreponerse al hecho de que toda costumbre está directamente contra ellos, y que desde los primeros días de la Reina Isabel estas vestimentas fueron abandonadas y dejadas de lado.

#11

Un hecho es que el intento de revivir el uso de las “vestimentas distintivas” en la celebración de la Cena del Señor, es absolutamente un asunto de días modernos. Comenzó con una facción en la Iglesia, que con atrevimiento confiesa su deseo por des-protestantizar la Iglesia de Inglaterra. Es impulsada y apoyada casi completamente por aquellos clérigos que tanto en doctrina como en práctica están inconfundiblemente moviéndose hacia la Iglesia de Roma, y que consideran la Cena del Señor como un sacrificio.

#12

Y en último lugar, pero no menos importante, está el hecho de que los principales defensores del movimiento ritualista de la Iglesia de Inglaterra, confiesan explícita y claramente que las “vestimentas distintivas” en la Cena del Señor no están siendo aceptadas e impuestas a nosotros como un simple tema de gusto, sino como prendas sacrificiales, y como la expresión externa de una doctrina interna. Esa doctrina es nada menos que la doctrina romanista de una presencia real y corpórea, de un sacrificio real, de un sacerdote que de hecho ofrece un sacrificio, y de un altar real en el sacramento de la Cena del Señor.

Que esto es así, puede probarlo cualquiera que desee leer la evidencia que el Sr. Bennett, el Vicario de Frome, presentó ante los miembros de la Comisión Real en 1867 (Primer reporte, p. 72). El Sr. Bennett, en respuesta a una pregunta, le dijo claramente a los miembros de la comisión que “el uso de la casulla implica la doctrina del sacrificio”, y que “él consideraba que ofrecía un sacrificio expiatorio en la Cena del Señor”.

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Fotografía del Presbítero Enrique Lago en Iglesia Providencia (con vestimentas debidamente anglicanas).

Conclusión

Yo ofrezco estos 12 hechos ante mis lectores, y les recomiendo darles seria atención, les suplico que los evalúen, los aprendan y los digieran internamente. Sin dudar afirmo, frente a estos hechos, que es imposible defender el uso de las “vestimentas distintivas” en la celebración de la Cena del Señor, tanto por la Escritura, como por el Libro de Oración Común, la ley de la nación, o la costumbre. Tanto la razón como el sentido común las condenan.

Aún más, afirmo que permitir que cualquier clérigo use estas vestimentas no es un asunto trivial, que la concesión de esto será ceder un gran principio, y que cualquier esfuerzo que se haga para autorizarlos, tanto en la Convocación o en el Parlamento, debe ser firmemente resistida por cada clérigo fiel.

El artículo original (“Twelve reasons against the distinctive vestments”) fue originalmente publicado en la revista de la Asociación de la Iglesia, nº 137. La Asociación de la Iglesia se llama actualmente Church Society, y continúa publicando recursos anglicanos evangélicos y reformados.

Este artículo fue escrito por el entonces Vicario de Stradbroke Rev. Canon J.C. Ryle. Ryle más tarde se convirtió en el primer obispo de Liverpool. Ryle fue un campeón del anglicanismo evangélico y uno de los escritores anglicanos más influyentes en el siglo XIX.

El artículo fue traducido y adaptado por Diego Pacheco, estudiante del Centro de Estudios Pastorales de la Iglesia Anglicana de Chile.

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